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Stephen Jay Gould

La Adaptación Biológica

“Nada tiene sentido en biología sino es a la luz de la evolución», decía Theodosius Dobzhansky, uno de los fundadores de la teoría neodarwinista de la evolución que afirma que las especies animales y vegetales deben su existencia a la selección natural.

Comprender un organismo viviente a la luz de la evolución consiste, pues, de acuerdo con este espíritu, en comprender cómo su anatomía, su fisiología, su comportamiento, son configurados por la selección natural, es decir, de qué manera están adaptados sus caracteres para conferirle las mayores posibilidades de supervivencia.

Sin embargo, Stephen J. Gould y Richard C. Lewontin muestran aquí algunos defectos de este punto de vista: no todos los caracteres de un organismo son adaptativos. La búsqueda de un sentido de este signo para todas las partes de un organismo es con frecuencia inadecuada, errónea, incluso perjudicial, ya que conduce a explicaciones exageradas, dudosas o carentes de fundamento. Los autores proponen puntos de vista distintos al neodarwinista.


Stephen Jay Gould

Desde Darwin: Reflexiones sobre Historia Natural

“Cien años sin Darwin son suficientes”, refunfuñaba el notable genético H. J. Muller en 1959. El comentario le pareció a muchos de sus oyentes un modo singularmente poco auspicioso de festejar el centenario del Origen de las Especies, pero nadie podía negar la verdad expresada en su frustración.

¿Por qué ha resultado Darwin tan difícil de asimilar? En el transcurso de una década convenció a todo el mundo pensante de que la evolución había sucedido, pero su propia teoría acerca de la selección natural jamás llegó a alcanzar gran popularidad en el transcurso de su vida. No prevaleció hasta los años 40, e incluso hoy en día, si bien forma el núcleo de nuestra teoría evolutiva, sigue siendo ampliamente malinterpretada, citada erróneamente y mal aplicada. El problema no puede obedecer a la complejidad de su estructura lógica, ya que la base de la selección natural es la simplicidad misma -dos hechos innegables y una conclusión ineluctable:

Los organismos varían, y estas variaciones son heredadas (al menos en parte) por su descendencia.

Los organismos producen más descendencia de la que puede concebiblemente sobrevivir.

Por término medio, la descendencia que varíe más intensamente en las direcciones favorecidas por el medio ambiente sobrevivirá y se propagará. Por lo tanto, las variaciones favorables se acumularán en las poblaciones por selección natural.

Estas tres afirmaciones garantizan la actuación de la selección natural, pero no garantizan (por sí mismas) el papel fundamental que Darwin le asignó. La esencia de la teoría de Darwin yace en su convicción de que la selección natural es la fuerza creativa de la evolución -no simplemente el verdugo de los no adaptados. La selección natural construye también a los organismos adaptados; debe elaborar la adaptación en etapas, preservando generación tras generación la fracción favorable de un espectro de variaciones al azar. Si la selección natural es creativa, nuestra primera afirmación acerca de la variación debe verse complementada por dos condiciones adicionales.