En el curso de este siglo, el término Juicio de los pares, ya contenido -si bien en un contexto distinto- en la Carta Magna, comenzó a aplicarse sistemáticamente para designar los procedimientos de evaluación de la tarea de un investigador basados en la opinión de sus congéneres. El juicio de los pares se acepta como el método más equitativo y eficiente para realizar esa valoración, y se utiliza con el fin de decidir acciones como la asignación de fondos para financiar la investigación, el acceso, permanencia y promoción en cargos académicos y la aceptación o rechazo, por parte de revistas especializadas, de artículos que publiquen resultados de investigaciones (trámite, este, que suele llamarse arbitraje o referato). El método está fundamentado en la concepción de que los más aptos para justipreciar el mérito de un científico son quienes comparten con él el esfuerzo de creación de conocimiento. El juicio de los pares integra asimismo, el proceso de incorporación de hallazgos al corpus de una disciplina que sólo se produce si el nuevo conocimiento supera el examen critico de la comunidad científica.